Control parental, siempre

Control parental, siempre

control parental

Hoy en día no es difícil toparse con un modelo familiar donde todos sus miembros disfrutan de distintos dispositivos tecnológicos de última generación con acceso a internet. La incorporación a las redes sociales, los diferentes servicios de chats, revistas digitales, páginas de alojamiento de vídeos, blogs, etc. se produce a una edad cada vez más temprana, sin embargo las medidas legales para penar las conductas ilícitas y malsanas hacia los menores no se endurecen, y los controles necesarios para impedir la violación de los derechos de los niños en la red brillan por su ausencia.

No hay mejor remedio que la prevención. No podemos impedir a nuestros menores que manejen un medio que les resulta tan familiar, ni debemos evitar que una generación de nativos digitales exploren y descubran las infinitas posibilidades educativas de internet, pero estamos obligados, como padres, profesores y familiares, a proporcionarles un entorno protegido y confiable en el que aprendan sus verdaderas bondades y a sacar el mayor provecho del mismo.

El control parental alude a una serie de medidas puestas al servicio de padres y educadores con las que el niño puede navegar seguro por la red y que proporcionan a sus cuidadores valiosa información sobre los hábitos y costumbres del menor, de forma que cualquier conducta sospechosa de terceros pueda ser rápidamente detectada y vetada.

Al respecto de estas actuaciones muchos padres pueden pensar en el hecho de intervenir directamente en el bien más preciado de una persona: su privacidad. Sin embargo, no se trata de enfocarlo desde este punto de vista, sino desde la perspectiva de la protección de su derecho más fundamental: el de crecer sano y estable emocionalmente, recibiendo una educación acorde a su etapa madurativa.

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